¿ SENTIMIENTOS O FRIALDAD A LA HORA DEL DESPIDO?

El despedir a otra persona es una de las decisiones más duras que nos toca llevar a cabo. Los años endurecen y nos ponen esa coraza que nos protege y evita que nos afecte el ejecutar estas acciones que normalmente, no dependen de nosotros. Pero esta coraza que Despedirvamos forjando no nos supone olvidar el componente humano que llevamos dentro y el tacto con el cual se debe comunicar el despido.

La persona que sufre el despido puede reaccionar de la forma menos lógica que nos pensemos porque muchas veces no se lo espera ni se lo imagina y aunque  pueda intuirlo pero, hasta que no llega ese momento, no sabe como reaccionará ante su despido. Puede ser que se quede en estado de shock, sin reaccionar, que llore desconsoladamente, que os increpe y se enfade porque no está de acuerdo con la decisión o que, por el contrario, la encaje bien, preguntando o diciendo lo que estime oportuno.

Pero quizás el caso más particular es cuando es el representante de la empresa el que no es capaz de controlar sus sentimientos en la comunicación de los despidos y se derrumba cada vez que le toca acometer esta tarea que forma parte de su trabajo. He de decir que el primer despido es muy duro. Se pasa mal y se suele llevar a casa. Genera rabia y supone que habrá muchas dudas de si se podría haber evitado. De nada sirve lamentarse porque muchas veces la decisión de la ejecución del despido no depende de nosotros y debería ser el que la tomó quien la comunicara, aunque bien es cierto que pocos se atreven a dar la cara.

Hay que ser fuerte y aunque por dentro se pase mal, la persona afectada por el despido no debe notarlo, pues de lo contrario, se puede entrar en un juego de lamentaciones que no lleva a ningún sitio. Hay profesionales de recursos humanos que no han podido reprimir las lagrimas en la comunicación del despido, haciendo que la persona afectada lo pasase fatal por relacionar esa decisión con que los representantes de la empresa lo ven injusto cuando no tiene nada que ver con eso.

Recomiendo ir directos al grano, dejando que la persona que es despedida pueda hablar distendidamente y preguntar lo que estime oportuno.

Si os veis desbordados en la comunicación de los despidos deberéis practicar y saber controlar vuestras emociones porque hay veces que no estaréis de acuerdo con la decisión y aunque lo hayáis intentado evitar, no fue posible; siempre hay muchas circunstancias en juego. Como se dice en el mundo de la farándula “el espectáculo debe continuar” y debéis ser capaces de cambiar de registro de llevar a cabo acciones menos agradables u otras más gratas porque el trabajo es un cúmulo de ambas actividades.

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