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Decía Fayol, que viejo suena nombrarlo, que en la gestión empresarial hemos de utilizar una serie de principios, y no leyes, ya que en materia administrativa no existe nada absoluto o rígido. Todo es según la medida. Pero la gracia de esta afirmación radica en que sus principios se han vuelto tan absolutos y tan rígidos que saltárselos casi es un suicidio.

Al tener que trabajar con distintas empresas, aunque mis servicios sólo se enfoquen en la fase de comunicación/publicidad, me encuentro con situaciones/personas que suelen olvidarse de estos principios y que suelen adolecer de una exagerada miopía empresarial. Claro que como la empresa no es mía pues, en teoría, no debería importarme. Pero aquí es donde aparece el señor que mencionaba antes y el que me hace dudar a mí acerca de mis principios.

Principio de Autoridad

Veamos. Uno de los principios de los que hablaba este hombre es el principio de Autoridad y, cito textualmente, “La autoridad consiste en el derecho de mandar y en el poder de hacerse obedecer”.

Bien, parece sencillo pero a esta autoridad hay que sumarle algo más y es un concepto muy importante, la Responsabilidad.

Cito: “No se concibe la autoridad sin la responsabilidad, es decir, sin una sanción -recompensa o penalidad- que acompaña al ejercicio del poder. La responsabilidad es un corolario de la autoridad, su consecuencia natural, su contrapeso indispensable. En cualquier lugar donde se ejerza la autoridad, nace una responsabilidad. La necesidad de sanción, que tiene su fuente en el sentimiento de justicia… (se aplica) en beneficio del interés general, (dado que) es menester alentar las acciones útiles e impedir las que no tienen ese carácter“.

Y es en el ejercicio de responsabilidad donde más abusos contemplo y donde, acorde con mi trabajo, me hace dudar si debo o no debo ejercer mi autoridad para influir en ellos.

Puede que lo que acabo de relatar suene muy conceptual, suelen decírmelo, pero por desgracia es algo que afecta a todo el mundo y casi todos los días.

¿Ejemplos?

El “currito” al que sus jefes no hacen caso cuando les menciona/sugiere otra forma de hacer las cosas; el mando intermedio que en un ejercicio de verborrea y timbre cautiva/captura la reunión/conversación en beneficio de su autoridad que no responsabilidad; el “jefe” que en un alarde de genialidad, fruto de la última lectura de su blog/portal/libro favorito, impone una nueva e inquietante forma de hacer las cosas; el socio, que para eso es socio, que pide un trabajo a uno del “equipo” sin tener en cuenta el trabajo de este… Y un largo etc.

No se si me he explicado pero la cuestión es que en los anteriores ejemplos siempre hay un abuso de autoridad con una sorprendente falta de responsabilidad. Por dejarlo más claro, ¿qué narices hace el de operaciones opinando sobre la publicidad que se hace?.

No digo que no se pueda opinar pero si afirmo que hay que saber opinar y más cuando tu cargo ejerce una determinada autoridad. Sin ser consciente estás socavando la autoridad de los demás y, lo que es peor, después la responsabilidad para ellos será la misma. Es decir, primero le impides que desempeñe su trabajo como le parece más oportuno y después le exiges la responsabilidad de que esté correcto… Un sinsentido.

Veo errores de este tipo todos los días y la duda es hasta donde puedo y debo ejercer mi autoridad. ¿Debo hablar o debo callar?. Volviendo sobre mis palabras, es una situación confusa pero como tengo cierta responsabilidad entonces algo tengo que hacer.

¿Qué opináis?

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Categoría: Gestion

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